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Revista digital del I.E.S. La Fuensanta, Córdoba, España.
número 5 - ISSN 2172-7880
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15M: de la indignación a la organización

29 de abril de 2013, por Equipo de redacción
Se plantea como urgente la cuestión de qué hacer cuanto la intensidad de la emoción colectiva que nos reúne ahora y aquí se vaya amortiguando y cuando –y no quepa duda de que esto ocurrirá dentro de unos días– los medios de comunicación dejen de considerarnos “interesantes” y los políticos de expresar una cierta simpatía y comprensión ante el malestar que nos congrega esta mañana. Es la discusión política y la imaginación colectiva a las que, estos días y en esta y otras plazas, les corresponde concebir y organizar un camino que convierta este escándalo ante lo que pasa y nos pasa en energía histórica (Manuel Delgado, antropólogo, 20 de mayo de 2011).

Desde hace casi dos años el 15M está y no está. Casi todos saben que ocurrió y lo respaldan (al menos a ratos) y la palabra “indignados” es usada frecuentemente en los medios de comunicación de masas. Ahí, en cada noticia, está el 15 M, presente y ausente a la vez. Es decir, por un lado parece estar en todas partes, en cada movilización, en cada consigna que se grita. Por otro, muchos se preguntan si todavía existe.

Movimiento, oleadas, organizaciones

Esta confusión es la consecuencia directa de ponerle el nombre de una fecha a lo que en realidad es parte de un ciclo de contestación. Si lo miramos de forma estricta, el 15M fue una fecha concreta, seguida de una serie de movilizaciones que se produjeron en los meses de mayo, y posteriores, de 2011 en torno a acampadas asentadas en los centros de las ciudades. Para algunos es, además, una filosofía, una forma de hacer que aprendieron durante esas semanas. Para otros –y para mí también– es, más bien, parte de un marco general de movilizaciones.

Dar un nombre a un movimiento social nos puede confundir. Y, más aún, anclarlo a una fecha. Empezamos entonces a plantear preguntas innecesarias que no nos aportan conocimiento sobre la realidad social –¿es una organización el 15M?, ¿cómo se puede pertenecer?, ¿tiene un programa propio?, ¿por qué no forman un partido?, ¿en qué se diferencia de, por ejemplo, las mareas?–. Es casi tan confuso como definirlo por un estado de ánimo indignado. Ahí sí que cabe todo, incluso políticos gobernantes (Alberto Fabra: ’Yo también estoy indignado, pero no quiero resignarme’).

Nos ahorraremos problemas si lo entendemos como un movimiento o un estadio más de una oleada de movilización social y lo distinguimos de las (estas sí) organizaciones o estructuras más definidas que han surgido (o se han potenciado) en torno a él: las mareas, los Yayoflautas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y Stop-Desahucios, las corralas, las asambleas de barrio, los grupos de trabajo temáticos, la Coordinadora 25S, Democracia Real Ya, la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda. También el proyecto 15M.cc que busca facilitar el mayor número posible de narraciones en torno al 15M: que todo el mundo pueda contar “su 15M”.

¿Dónde están los “chicos del 15M”?

Los chicos y no tan chicos que llenamos las plazas centrales de las ciudades y pueblos en mayo de 2011 estamos aquí, en cada uno de esos grupos, plataformas, colectivos. No dormimos en una plaza abarrotada pero estamos. No hay plazas con colorines y carteles y colchones y asambleas permanentes, bibliotecas y cocinas con mil cámaras filmando y no brindamos bonitas portadas desde el cielo. Nuestras manos ya no se agitan al aire y causan bonitos efectos porque las tenemos hacia el suelo, trabajando. Es decir, si no estamos todo el día en Sol o en Plaça Catalunya o en el Bulevar de Gran Capitán o en las Setas de Sevilla es porque esas “Zonas Temporalmente Autónomas" nos sirvieron para acumular poder y ahora lo hemos puesto a funcionar en los lugares donde realmente tenemos que usarlo.

De mi problema a nuestro problema

Las consecuencias diarias de la crisis capitalista y el estallido del 15M han permitido que muchos empezaran a hablar de política, a reflexionar colectivamente y a dejar de analizar realidades personales como fruto de características (o culpas) individuales. El paro juvenil, acicate de la movilización de una generación que se da cuenta de que el mundo que le han prometido no llega (#NoNosVamosNosEchan), ya era una constante y un pilar del sistema productivo de España; los bancos han expropiado casas a las clases populares durante décadas, alentados por una legislación que acaba de declarar ilegal el Tribunal de Justicia de la UE. Sin embargo, ahora, como dicen los compañeros de Stop-Desahucios, hemos pasado de la vergüenza a la indignación y de “mi problema” a “nuestro problema”, a la necesidad de organizarse incluso para la rebelión de las lágrimas.

Pero es que el estallido de las plazas sirvió para algo más que para perder la costumbre de no hablar de política. Sirvió para encontrarnos antiguos militantes de distintas tradiciones y tendencias políticas con personas recién politizadas, permitiendo construir nuevos proyectos y retomar líneas de lucha.

Qué nuevos y qué viejos somos

El 15M sorprendió a la mayoría. Pero no podemos interpretarlo como una ruptura ni una innovación total. Fue un estallido de todo lo que se estaba cociendo, ayudado del catalizador de la crisis, y en su recorrido se ha visto obligado a encontrarse con el mundo viejo. En primer lugar, porque muchas de las personas que tomaron la iniciativa y dieron continuidad, potencia, métodos y discurso a este estallido ya estaban hace años (y por eso mismo pudieron hacerlo) en la calle y en la sombra.

Algunos de los grupos que impulsaron el movimiento desde el principio son creaciones de la izquierda tradicional (Juventud sin Futuro, Mesas de Convergencia, ATTAC, grupos ecologistas, de defensa de bienes públicos) que contribuyen a estabilizarlo. Muchos de sus iniciadores y continuadores son personas que abandonaron las organizaciones tradicionales por diferentes motivos pero que traen un bagaje del que se sigue beneficiando el movimiento (Amador Fernández Steinko).

En segundo lugar, porque los espacios de lucha no son patrimonio de ningún colectivo. Si el 15M hablaba de vivienda ahí estaba la PAH y otros colectivos en defensa del derecho a una vivienda digna. Si el 15M ha hablado de Sanidad, ahí estaban sindicatos, profesionales y usuarios con distinta intensidad. Es algo que hemos visto muy claro en las mareas.

Y en tercer lugar, porque las formas, métodos y estructuras tampoco son tan nuevas. Podemos encontrar muchas referencias (al menos) desde los años sesenta. Al 15M se le ha comparado para bien y para mal con Mayo del 68, pero hay muchos más antecedentes. Más o menos cronológicamente tenemos el situacionismo, el movimiento antiglobalización, el movimiento okupa, las protestas contra la guerra de Irak (sobre todo la noche del 13 de marzo), el Mayday, la lucha contra el “Plan Bolonia” y, sin estirar demasiado, incluso el botellón (ver Generación botellón).

Un referente muy claro son las movilizaciones por una vivienda digna que se hicieron conocidas sobre todo a partir de una sentada, curiosamente, el 14 de mayo de 2006. Entonces ya se criticó la burbuja inmobiliaria, ya se hicieron acampadas y se usó internet para difundir, ya se usó un lenguaje similar al introducido por Juventud Sin Futuro semanas antes del 15 de Mayo de 2011 (“Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo”) hasta con los mismos colores y tipografía. Ya se aludía al comic V de Vendetta en el mismo nombre de las plataformas que florecieron en distintas provincias (V de Vivienda), a la manera diversa del 15M, con sucursales pero sin una coordinación fuerte.

Desde el punto de vista teórico también encontramos aportaciones previas sobre la estructura en red de los movimientos sociales frente a la jerarquización y estructuras cerradas de los partidos políticos tradicionales. Y sobre el precariado, esa generación que habitualmente asociamos con los indignados.

Rechazar la etiqueta

Con la reciente muerte de Stéphane Hessel se ha vuelto a evidenciar la construcción que los medios de comunicación de masas hicieron y quieren seguir imponiendo de los indignados. Ya sea en ABC, en La Razón o en la Cadena Ser. Nos hicieron un traje a medida y muchos se lo han quedado. Oigo en la radio, leo en la prensa, veo en vídeos “el 15M dice”, “como defiende el 15M”, “simpatizo con el 15M”. Cualquiera que se acerque a un colectivo incluido en “los indignados” espera encontrar eso que dicen que dice. Desde las tertulias mediáticas nos transmiten ese traje que nos han hecho y del que no nos podemos salir si no queremos perder legitimidad ante ellos.

Pero es que, como parte de un contexto de movilización parcialmente estructurado que es, el 15M no tiene posiciones y prácticas políticas definidas, cerradas y únicas. Sin embargo, le encajan un discurso unívoco que no refleja la pluralidad de los movimientos sociales de esta oleada general. Nos asignan unas posiciones inmutables descontextualizadas, unos principios (morales) impuestos que constriñen, reduciendo la flexibilidad, la reformulación, la reflexión, la evolución, la adecuación a la situación concreta que exige una práctica política efectiva. Desde estos medios se potencia (se sobrerrepresenta) una de las tendencias presentes en las acampadas y en algunos de los colectivos mencionados. Precisamente aquella de la que decía A. F. Steinko:

[si]se imponen aquellos miembros que no aspiran a generar hegemonías sociales sino que se conforman con aplicar consignas maximalistas, con experimentar métodos de participación destinados a su propia realización personal es posible que el movimiento no llegue a ser mucho más que una innovadora experiencia política que quedará para el estudio de ensayistas y opinadores profesionales.

O Manuel Delgado:

tenemos otro factor de incertidumbre, que tiene que ver con la probabilidad de que la dirección del movimiento recaiga en los sectores más contrarios paradójicamente a dotarlo de dirección, es decir a los movimientistas del movimiento [que defienden] una estructura antiestructura, basada en un complicado sistema de asambleas descentralizadas que acaban provocando la paradójica consecuencia de un organigrama extraordinariamente torpe e inoperativo.

¿Nadie nos representa?

Un ejemplo. Es verdad que “en las asambleas de algunas ciudades abunda una concepción simplista de poder democrático en el que este es reducido a su versión más inmediata y palpable, y en el que cada uno sólo se puede representar a sí mismo si no quiere abandonar el espacio de la democracia verdadera” (Steinko). Sin embargo, si profundizamos en los discursos, las opiniones y las posiciones (y en los tuits y retuits) enseguida vemos que No nos representan no significa que nadie nos represente (incluso cuando se expresa así, como en la consigna en catalán, Ningú ens representa). En la lucha cotidiana, en cada compartir objetivos, obstáculos y compromiso, cada compañero de lucha nos representa. Cuando muchos escuchan a la portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca hablar en el Congreso (aquí, aquí y vídeo completo),

nadie se plantea invocar el nadie nos representa porque de hecho sí lo hace. Cuando aquí en Córdoba los portavoces de Stop-Desahucios hablan delante de una multitud o unos cientos o unos pocos,

STOPDESAHUCIOS: La rebelion de las lagrimas from Acampada Córdoba on Vimeo.

muchos nos sentimos bien representados. Las posiciones y los discursos se construyen en compañía: la cuestión de la democracia, más que un problema de canales de elección, es el hecho de compartir la misma realidad, la misma posición social, económica y política. Porque la política no son los políticos, ni los Bárcenas. La política es lo que construimos con quien vive las mismas condiciones sociales y los mismos problemas concretos y generales que nosotros: nuestros vecinos y nuestros compañeros de lucha.

Salir del centro urbano y mediático

Por eso desde el principio las acampadas nombraron a los barrios. Porque, como dice la Red por la Dignidad de los Barrios y Pueblos de Madrid “es en los barrios donde más se ven las consecuencias de las políticas de quienes nos gobiernan. Es en los barrios donde pueden verificarse, día a día, los efectos de la brutal desigualdad económica de nuestra sociedad y cómo se traduce en desigualdad de derechos”; y como dice la FRAV (Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid) “el barrio sigue siendo un espacio determinante para la articulación de procesos de reivindicación colectiva”.

En Sol cabe mucha gente y, al igual que otras plazas (como Plaza Cataluña), históricamente ha sido escenario y símbolo de luchas populares (por ejemplo, esta). Pero cualquiera que haya estado sabe que es territorio propiedad de El Corte Inglés y de la Comunidad de Madrid, al igual que el Bulevar del Gran Capitán es propiedad de la Confederación de Empresarios y de las grandes entidades financieras. En el centro de Sol no se desahucia a nadie, a nadie han timado con las preferentes. Algunos militantes (y espectadores) criados en el 15M aprendieron a hacer política y a leer la política formando parte de un espectáculo, teniendo la atención y el apoyo de todo el mundo. Y esto crea mono, incluso a veces nos hace hacer tonterías (como a algunos famosos) para volver a salir en la tele o ser TT.

En los parques de nuestros barrios y pueblos, en los pequeños (grandes) locales del movimiento asociativo, en el bar y en el campillo de fútbol, en el instituto y en la parroquia es donde encontramos al vecino parado, al jubilado que se ha convertido en único sustento de la familia, al próximo vecino que va a ser desahuciado o que ha sido estafado con las preferentes. Los que hemos aguantado la vela de la indignación, la organización y la movilización antes del 15M sabemos que los focos no siempre van a estar ahí. Sabemos que el trabajo de hormiga, ese trabajo hombro con hombro en la realidad cercana, es el que consigue cambiar mentalidades y prácticas más allá del momento espectacular de una noticia de primavera y el que es capaz de crear estructuras que permanecen en el tiempo. De hecho, muchas de las iniciativas que se mantienen, se fortalecen y se reformulan en el momento político actual están ligadas al territorio, tratando de echar raíces a la puerta de los vecinos para que no tengan obstáculos ni excusas para encontrarlos. Como ejemplos claros encontramos las asambleas de barrio nacidas o reforzadas después de las acampadas y, en relación a la vivienda, los Puntos de Información de Stop-Desahucios en Córdoba o las corralas y los PIVE de Sevilla (Punto de Información de Vivienda y Encuentro).

Terminando

Este artículo ha sido escrito entre febrero y abril de 2013 y es una descripción general de la situación alrededor de esos meses. La realidad política y social no es estática y no cabe en un solo artículo. Nos quedará mucho por escribir sobre este ciclo de lucha en los próximos meses y años.

Recomendaciones para leer y escuchar antes, después o a la vez que este artículo.

Música:

  • Delincuencia, La Polla Records
  • PPSOE, Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz.
  • Desahucio, Fernando Caro
  • Las verdades del banquero. Carnaval de Cádiz

Lectura rápida:

Reflexión menos rápida:

Amaya Sánchez
Licenciada en sociología


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