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Revista digital del I.E.S. La Fuensanta, Córdoba, España.
número 8 - ISSN 2172-7880
número 8 » Taller literario »

Textos de la XIV Muestra Provincial de Poesía y Narrativa desde el Aula

Participantes del IES la Fuensanta en la XIV Muestra de Poesía y Narrativa desde el aula

19 de mayo de 2016, por Equipo de redacción
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Athenea Osuna Sillero. 3º ESO

Nací el 5 de Septiembre de 2001 en Palma de Mallorca. Me gustaría estudiar la carrera de psicología ya que llevo bastante tiempo interesada en ese tema. Me encanta leer y escribir aunque por triste que parezca solo escribo, en la mayoría de los casos, cuando me siento mal o me falta alguien. Soy muy curiosa y lo que más me gusta es investigar sobre cualquier duda o tema que surja

* * *

Recuerdo aquel compás que llegaba a mis oídos, te daba vida, te daba fuerza. Su sonido era agradable, alegre y acogedor. No entendía por qué, pero para mí era música, una bella melodía que inundaba mis oídos; no sabía de dónde provenía, aunque sabía que estaba cerca. Ya no la oigo por mucho que intente evocar ese sonido, ya no la oigo, no la encuentro. No lo entendía, pues claro no sabía nada. De repente, abrí los ojos, me encontraba en la misma habitación y comprendí que no había sido un sueño, la realidad era que no escucharía nunca más su pulso, ni me acogería en sus brazos como siempre lo hacía: me producía dolor, pero su compás había frenado.

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María Serrano Méndez. 1º Bach.

Me llamo María y tengo 16 años. Estudio primero de bachillerato en el instituto IES La Fuensanta. No soy una chica que escriba mucho, pero cuando lo hago me salen relatos como este. Me gustan los libros relacionados con los crímenes y el misterio

Ella

Un sentimiento de tristeza me recorre el cuerpo de arriba abajo. El salón está en penumbra, la chimenea encendida consume los últimos trozos de leña y la música suena baja, pero lo suficiente como para que se me escapen un par de lágrimas al escucharla y acordarme de su figura. La perdí. Perdí esos momentos a su lado, esas tardes de risa sin fin, esos días en los que antes de marcharse ya la echaba de menos. Se fue. Se fue con ella. Ella le juró un sueño eterno, la paz que ningún ser humano es capaz de encontrar. Así fue como me abandonó por alguien a quien apenas le vio el rostro. Ella le prometió cosas que yo no podía darle ya que eran prácticamente imposibles. Así que esta persona sin rostro la acompañó hasta el final de su vida, la alejó de mí para que su tan corta vida descansara en paz. Y aquí me encuentro, postrado en un sillón con la música baja para no interrumpir mis pensamientos, esperando que ella me devuelva lo que aquel día me arrebató.

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Gloria Toro Crespo. 1º Bach.

Me llamo Gloria Toro Crespo, nací en el 1999 y estudio en el IES La Fuensanta. Me gusta mucho el deporte pero, como dijo Groucho Marx, los placeres de la vida están en las pequeñas cosas: las pequeñas canciones, las pequeñas novelas y los pequeños relatos.

El concierto de su vida

Al igual que en cada concierto estuve revisando las partituras para ver con cuál obra comenzaba. Elegí el smoking mejor planchado y, junto a mi saxofón, salí al escenario. Las luces me cegaban y no escuchaba otra cosa que los aplausos del público mientras que mis ojos no se apartaban del impasible rostro del director y su batuta. Tomé aire por última vez antes de fundirme en el mundo de los Do, Re, Mi... De repente, me di cuenta de que, no estaba en un escenario, sino en un quirófano. Los aplausos del público se habían convertido en el repiqueteo de puertas y el director, transformado en cirujano, sujetaba un bisturí en vez de una batuta. Entonces, comencé a tocar...*
*Carlos Aguilera, músico malagueño de veintisiete años al que extirparon un tumor a "cerebro abierto" mientras tocaba el saxofón para no dañar la zona del cerebro que usaba para la música

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Mario Godino Prior. 2º ESO

Me gusta mucho el rock y el cine. También dibujo bastante bien y últimamente estoy escribiendo guiones para hacer cortos. Estudio música, toco la percusión y de vez en cuando el piano. Muchas veces canto con mis amigos canciones famosas para divertirnos y no suena muy mal , así que quiero ser músico y guionista .

La chica de la funda de la guitarra

Suelen decir que nosotros los percusionistas somos prescindibles. El amor es prescindible. Corría el invierno de 2015. Nada funcionaba como debía funcionar. Como una tarde cualquiera, yo estaba tumbado en el césped, ¿dónde?, eso no importa. Sólo importa ese pequeño rayo de luz que asoma entre las nubes y la alumbra a ella, solo a ella. Llevaba una funda de guitarra. Me sorprendió. No sabía que había cosas tan bellas en el mundo. Pasa a ser primavera. Esta noche soy la estrella de los timbales en un concierto. Salgo a la azotea. Saco un cigarrillo y lo poso en mis labios. Mi mirada se dirige hacia ella. Me acerco y le pregunto “¿Podrías tocar algo para mí?”. Ella abre la funda. Al principio no me creía que fuese a hacerlo. Y así era. Sólo sacó un rifle enorme, como una guitarra y me dijo: ’’Los percusionistas sois prescindibles.’’ Me apuntó a la cabeza. ¿Soy prescindible?

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Marta Perales González. 1º Bach.

Córdoba. dieciséis años. Y así va, estudiando y viviendo a partes iguales, más o menos. Apasionada a la lectura y los videojuegos, amiga de mis amigos y de mis conocidos. Alegre y triste, dulce y salada. Resumiendo, una persona cualquiera

* * *

La lluvia había cesado hacía poco, el suelo estaba embarrado; amotinados en la trinchera enemiga, esperábamos al mensajero, con las armas en alto. El silencio, tan tenso con el olor a sudor y a sangre. Solté mi fusil, tomé una gran bocanada de aire; no había enemigos en la zona, sólo nuestros rehenes. Nuestros hombres necesitaban algo de motivación. Tomé mi pequeña armónica y toqué aquella vieja canción que aprendí en Viena antes de… esto. El sargento me hizo un gesto para que parara, no debíamos revelar nuestra posición. Aguardé, cogí mi fusil de nuevo. En ese momento, en la sala de los rehenes, un alemán gritaba desquiciado. Pedía a gritos ver al hombre que había tocado aquella canción. Entre miradas confusas, mi sargento me dio permiso para moverme; indeciso, con el fusil en una mano y la armónica en otra. Le habían destapado la cabeza y en un inglés muy pobre me dijo: ‘’Tócala, toca la canción. Mi hija la tocaba igual que tú’’. En ese momento me di cuenta de que los hombres bajo diferentes banderas, siguen siendo hombres.

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Mª José González Muñoz. 3º ESO

Tengo catorce años y desde que aprendí a leer he estado leyendo todo tipo de libros. Realizo actividades extraescolares y estudio, lo cual, hace que tenga poco tiempo libre, pero cuando tengo algo de tiempo aprovecho y leo cualquier libro que pueda interesarme. No suelo escribir ya que soy una persona que prefiere leer lo ya escrito, pero cuando tengo que escribir para el instituto siempre intento hacerlo lo mejor posible.

Ahora soy yo la que tararea la canción

Aún recuerdo cómo nos abrazábamos y bailábamos aquella canción. Los dos éramos jóvenes cuando nos conocimos y convertimos aquella sencilla y delicada melodía en nuestra melodía. Por las noches, cuando no podíamos dormir juntos, yo lo llamaba y él me la tarareaba hasta que ya estábamos muy cansados y nos despedíamos dulcemente. Ahora soy yo la que tararea la canción, porque él ya no está y yo quiero que vuelva para revivir los momentos vividos junto a él, con nuestras almas vivas y la emoción de nuestra canción.

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Raquel Rodríguez del Río. 4º ESO

Me encanta leer y escribir, es una pasión que llevo dentro desde pequeña. También amo los idiomas y me gustaría enfocarme en ellos estudiando Traducción e Interpretación. Mi sueño es viajar por todo el mundo, conocer lugares nuevos y aprender. Entre mis pasatiempos están, además de la lectura y la escritura, el dibujo, la música y la natación, son algo de lo que me costaría mucho prescindir.

* * *

A los pocos segundos, las dulces notas comenzaron a ganarle terreno al silencio, como fieras guerreras tratando de invadir los corazones de los espectadores. Sus dedos danzaban sobre las teclas, decididos y delicados, al igual que ella cuando hizo acto de presencia. Saltó al escenario casi volando, viéndolo todo con sus ojos fríos cual viento invernal. No tardó en deslizarse sobre el piano con la agilidad del rayo de luna. Le tendió una blanca mano, ofreciéndole un viaje maravilloso, sin fin. Y mientras la última nota vibraba y se disolvía en el aire, la aceptó, y desapareció.


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