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Revista digital del I.E.S. La Fuensanta, Córdoba, España.
número 9 - ISSN 2172-7880
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Entrevista a Fernando J. López

Fernando J. López es novelista, dramaturgo y doctorado cum laude en Filología.
En su trayectoria narrativa destacan títulos como In(h)armónicos (Premio Joven & Brillante de Narrativa), Las vidas que inventamos, La inmortalidad del cangrejo o La edad de la ira, obra finalista al Premio Nadal 2010 y que, desde su publicación, no ha dejado de reeditarse hasta convertirse en un long-seller, siendo hoy un título de referencia tanto en el mundo adolescente como dentro de la llamada literatura LGTB. Sus novelas se caracterizan por su crítico retrato de la sociedad contemporánea a partir de argumentos en los que se apuesta por la intriga y el thriller como un mecanismo para guiar al lector a través de la introspección en las emociones de sus personajes.

Fernando nos ha hecho un hueco y se ha prestado a contestar unas cuantas preguntas para la revista digital del IES La Fuensanta.

— Si tuvieses que presentarte señalando lo más relevante de ti mismo, ¿qué dirías?.

Destacaría la vehemencia: todo me apasiona. Ese es mi motor. En lo personal y en lo profesional.

– Como escritor, eres dramaturgo y novelista. ¿Qué aspectos positivos y negativos destacarías de cada uno de tus trabajos?.

Como dramaturgo, disfruto mucho trabajando y creando en equipo. Lo negativo es que la vida de una función depende de muchas cuestiones ajenas a lo meramente creativo y que, sin embargo, condicionan el resultado.
Como novelista, lo más difícil es asumir la soledad del proceso y, una vez acabado, entender que el libro ya no es tuyo, sino de los lectores, que habrán de interpretarlo y recrearlo a su manera. Y lo más fascinante es dejarse llevar por la historia y ver cómo crecen los personajes más allá de lo que imaginaba al comenzarla.

– ¿Cómo se inició tu interés por la literatura? ¿Qué autores le han influido más?.

Leo desde muy pequeño. Enseguida me llamaron la atención los libros, en gran parte porque veía a mi madre leer mucho y eso me hacía sentir una enorme curiosidad. Es imposible resumir los autores que me han influido, pues soy un lector voraz, pero -sin pensar- me vienen a la cabeza nombres como Cernuda, Woolf, Camus, Cortázar, Flaubert…

– ¿Cuál es tu libro favorito? ¿Cuál es el que más te ha influido personal y profesionalmente?.

Me fascina La Regenta, es una disección absolutamente brillante de la sociedad española. El libro que más me ha influido personalmente es La realidad y el deseo, de Cernuda (de ahí que aparezca en La edad de la ira) y, a nivel profesional, Rayuela, de Julio Cortázar.

– ¿Qué tres libros consideras indispensables para un adolescente de hoy en día?
¿Cuáles recomendarías para que nos animásemos a leer más?.

Los únicos libros indispensables son los que sentimos la necesidad de leer, así que cada cual debe elegir los suyos. Sin embargo, si tengo que recomendar tres que me parece que pueden interesaros serían El guardián entre el centeno, Ventajas de ser un marginado y, por citar una novela mía que escribí con la voluntad de fomentar la lectura entre los más jóvenes, La edad de la ira.

– ¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Qué fue lo que te llevó a hacerlo?.

Empecé siendo muy pequeño y no sé bien por qué lo hacía. Tenía apenas 6 años cuando garabateaba versos en los márgenes de mis libros. Para mí escribir siempre ha sido un refugio y, a la vez, un juego: un lugar donde sanar heridas y un modo de encontrar respuestas. O, al menos, de calmar las dudas…

– ¿Qué consejos darías a las personas que quieren empezar a escribir?.

Que compartan sus textos –con sus amigos, con su familia, en un blog..., donde sea- y que sean muy receptivas con las críticas: los autores debemos aprender de quienes nos leen.

– ¿Te sueles basar siempre en tus experiencias personales para escribir normalmente?.

Siempre hay realidad en mis textos, sí. Pueden ser experiencias mías o de gente de mi entorno, pero no creo que se pueda escribir si no hay verdad. Incluso en las novelas donde aparece la fantasía, como El reino de las Tres Lunas o Los nombres del fuego, se aprecia cómo la actualidad aparece dentro de la historia, ya sea en forma simbólica o explícita. En mi caso, cuanto vivo es responsable de cuanto escribo: siento la necesidad de contar algo porque una determinada vivencia me impulsa a hacerlo y normalmente busco provocar interrogantes en el lector, plantear debate sobre temas que me inquietan y, en especial, sobre las vidas invisibles, sobre personajes que no aparecen en los medios de comunicación y que relegamos a una marginalidad injusta e inmerecida.

– ¿Por qué te interesa tanto la adolescencia? ¿Por qué decidiste escribir sobre adolescentes?.

Porque creo que es una edad olvidada y, sin embargo, fascinante. Yo siento que sigo teniendo quince años, porque la adolescencia no es solo una edad, es una manera de ver la vida: consiste en estar abierto a lo que ocurre, admitir el cambio, sentir ganas de crecer, de experimentar…. Cuando dejamos de ser adolescentes morimos un poco y yo me niego a esa muerte, yo quiero abrazar siempre la vida con esa fuerza adolescente que he visto en mis alumnos, en chicas y chicos absolutamente maravillosos que me han abierto los ojos a una realidad que no ocupa el lugar que debería en nuestra literatura. Ahora mismo estoy escribiendo obras de teatro con protagonistas adolescentes, como #malditos16 o la versión teatral de La edad de la ira, por eso mismo: no podemos construir un futuro si no damos a los adolescentes el lugar y la voz que se merecen. Que os merecéis.

– ¿Cuál ha sido el libro que has disfrutado más escribiendo? ¿Y el que es más importante para ti?.

El que más disfruté fue Los nombres del fuego, porque me gustó mucho poder jugar con dos universos y, además, darles vida también en el mundo transmedia. Y el más importante, seguramente, sea La edad de la ira. Con él cambió todo y sé que ha sido importante para muchos lectores que convirtieron a Marcos en un símbolo de la diversidad y de la lucha por ser uno mismo.

– ¿Cuándo y por qué decidiste ser profesor?.

No fue una decisión, sino una casualidad. Estaba trabajando como editor y quería un cambio. Se me ocurrió que la enseñanza podría ser un camino, pero no era consciente de que estaba a punto de hallar allí mi vocación. Ahora mismo no puedo dar clase, porque la literatura se lleva todo mi tiempo, pero lo echo mucho de menos y cuando visito un instituto para dar charlas sobre mis novelas –algo que hago unas dos o tres veces por semana, como mínimo— lo disfruto mucho.

– En alguna ocasión has dicho que consideras que no es fácil ser alumno, padre ni profesor, ¿qué dificultades crees que tiene cada uno?.

En realidad todas se resumen en la misma: la falta de empatía y la mala comunicación. No nos ponemos en la piel del otro y eso hace que nos veamos como antagonistas, no como cómplices. No es fácil ser ninguna de las tres cosas y todos necesitamos hablar más, dialogar más, compartir más. Y hablar no es encadenar monólogos, sino ponernos en la piel de quien tenemos enfrente y comprender su realidad.

– ¿Cuáles crees que son los retos más difíciles que debe superar la educación pública española en el futuro? ¿Y las mayores oportunidades que tenemos ahora mismo?.

El gran reto es evitar la exclusión social, algo que –por desgracia— está sucediendo y ante lo que no se hace lo suficiente. Muchas familias viven situaciones de pobreza extrema y dificultades gravísimas: la educación debe dar herramientas y recursos para que todo el mundo tenga una opción real de futuro, no podemos mirar hacia otro lado y fingir que nada de eso existe. También necesitamos una educación mucho más abierta, mucho más creativa, mucho más crítica. Se valora demasiado la memorización y los contenidos de muchas materias siguen anclados en el pasado.
En cuanto a las oportunidades, sin duda, una de ellas tiene que ver con la sociedad de la información: internet, redes sociales…. Todo está a nuestro alcance y bien empleado es una herramienta fantástica para tratar de construir otra realidad. El acceso a la cultura es más fácil que nunca y eso es algo que debemos aprovechar.

– ¿Ha supuesto tu orientación sexual un problema en tu carrera tanto de profesor como de escritor?.

No, en absoluto. Siempre he defendido la visibilidad y creo que ese es el único camino hacia la verdadera igualdad. Abordar nuestra identidad sin escondernos, sin miedos, sin sombras. Y como profesor creo que tenemos una responsabilidad social: si nuestro ejemplo ayuda a otros a sentirse más libres y a dar el paso de romper sus propios muros, genial.

– Como profesor y autor te has mostrado muy comprometido con la cuestión del bullying. ¿Crees que hay más bullying actualmente o solo es más visible? ¿Cómo puede abordarse este problema? Si tuvieses que tomar medidas, ¿cuál sería la más urgente?

Creo que es más visible y, sobre todo, que vivimos en una sociedad que ha convertido el acoso y el linchamiento en una forma de ocio, pero que luego se escandaliza ante las cifras de acoso escolar. Las aulas no son un universo aislado, sino un reflejo de la sociedad en que se hallan y ahora mismo la violencia –mediática, social, económica…— es tan brutal que resulta imposible que la educación no se vea contagiada. Sin embargo, es más fácil culpar a los adolescentes que hacer una lectura crítica y severa del modelo social que estamos construyendo.
En cuanto a las medidas, creo que es urgente favorecer las condiciones para prevenir el acoso. Se aborda el problema desde la denuncia, poniendo todo el peso en la víctima, pero no desde el acosador: hay que educar para que no suceda. Y para ello necesitamos menos alumnos por aula, formación del profesorado en temas de convivencia, revalorizar las tutorías, etc.

– “El verbo leer no admite imperativos” ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo fomentamos la lectura en las aulas?.

Hay que fomentar desde la pasión, no desde la orden. Provocar la curiosidad e incitar a la lectura. Hay muchos modos de hacer atractiva una lectura y de conseguir que lo obligatorio se vuelva, en cierto modo, opcional. En mi caso, algo que evitaba hacer siempre eran exámenes de lectura y, a cambio, proponía otro tipo de trabajos mucho más creativos –en forma de talleres- que no matasen el placer de la leer una novela o una obra de teatro. Es complejo, pero se puede. Y es importante hacerlo.

Podéis saber más de Fernando y de sus obras visitando su página web.

Entrevista realizada por el alumnado de Valores Éticos de 4º ESO
Mónica Pérez, Yaiza Reyes, Sonia Ortíz, Paula Fuerte,
Carla Tobajas, Ángela Muñoz y Álvaro Pérez.


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