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Revista digital del I.E.S. La Fuensanta, Córdoba, España.
número 10 - ISSN 2172-7880
número 10 » Arte y Literatura »

Andalucía: El paraíso perdido del exilio intelectual andaluz en la Argentina

14 de mayo de 2018, por Equipo de redacción

Decía María Teresa León que “La memoria suele ser / la fortaleza de los desterrados.” [1] En su obra Memoria de la melancolía [2], la escritora, que vive junto al poeta gaditano Rafael Alberti el exilio argentino durante más de dos décadas, escribe uno de los más bellos ensayos jamás escritos sobre el paraíso perdido, el suyo, y el de tantos desterrados de España que, como ella, están “cansados de no saber dónde morirse (…) tienen los ojos abiertos a los sueños (…) se han llevado la canción en los labios secos y fruncidos, callados y tristes (…) buscan la sombra, la silueta, el ruido de los pasos del silencio, las voces perdidas (…) y suspiran por su paraíso perdido…” [3]

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En lo que respecta a Alberti, el extrañamiento o desarraigo físico va de la mano del psicológico, siendo ambos indisociables, como si esa nueva geografía que se erige ante los ojos del exiliado -la pampa infinita y monótona, el extenso y solitario campo argentino, las llanuras sin fin- y que le resulta tan ajena, fuera la constatación palpable, la confirmación definitiva de su triste condición de exiliado y aumentara aún más la amargura por el abandono de la tierra propia, sin encontrar consuelo en la nueva, como traslucen los versos pertenecientes a su primer libro de expatriado, Entre el clavel y la espada.

Los veintidós intensos y fructíferos años que este marinero en tierra pasó en el Río de la Plata se tradujeron en otros títulos como Retornos de lo vivo lejano, o Buenos Aires en tinta china. Pero quizá sean sus versos en Balada de la nostalgia inseparable, incluida en el poemario Baladas y Canciones del Paraná, los que mejor condensan esa evocación de un pasado más feliz que parece perseguir obstinadamente a los exiliados en su nuevo deambular en la otra orilla del Atlántico:

Siempre esta nostalgia, esta inseparable
nostalgia que todo lo aleja y lo cambia. (…)

En Pleamar encontramos también, reflejada con marcada añoranza, la huella de esa evidente dislocación interior ante la pérdida de la propia ubicación en un tiempo y espacio que entraña todo destierro:

(…) Era hermoso ser ola,
ser crecido oleaje de aquel pueblo.

Hoy, mar, triste ola suelta,
desterrada del mar, sin pleamares.

(…) Sí, yo era muchedumbre… Entre sus olas
igual, múltiple mar, que entre las tuyas,
era una sola voz la que sonaba.

Siempre dispuesto, mar, a ver sirenas… [4]

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El caso de otro ilustre andaluz, Niceto Alcalá-Zamora, no fue una excepción a esta idealización generalizada de la patria perdida, ya que el expresidente recordaría siempre su finca de La Ginesa, la casa de campo que había construido en Priego de Córdoba [5], como el más hermoso de los paraísos perdidos. De hecho, en un ensayo que lleva por justo título La travesía de la tercera España, se alude a ese sueño que, consciente o inconscientemente, acaricia todo desterrado y al que Alcalá-Zamora tampoco escapa:

(…) El 16 de enero de 1941 el barco Alsina que había partido de Marsella pasa junto a las costas catalanas. Se produce entonces una escena repetida en todos los relatos de exiliados: la mirada que intuyen última a la patria. Alcalá-Zamora comenta que algunos de los pasajeros creían seguro el regreso, pero que él, hombre ya sin apasionamientos y con más años, argumentaba que la vuelta no era ya posible dado el clima moral en el que se encontraba España.

Pero añade algo: «Allá en lo subconsciente, rechazando la lógica de las reflexiones, me consolaba con la esperanza –infundada y firme– de que un día volvería a pisar, modesto, apartado, sin rencor y sin ambición, el suelo del país en que nací». [6]

Otra prueba elocuente de la devoción que por su patria chica sentía Alcalá-Zamora -quien no pudo cumplir su sueño de regresar con vida a la tierra que lo había visto nacer - [7] la encontramos en un artículo que vio la luz en Buenos Aires el 4 de junio de 1945 en la revista ¡Aquí Está!, con el título “El irresistible encanto de Andalucía”.

Otro prócer andaluz, brazo derecho de este último durante la Segunda República, el exdiputado, militar, abogado e historiador cordobés Federico Fernández de Castillejo, dio sobradas muestras durante su exilio porteño de su pasión y erudición en la obra que, ilustrada por la pintora argentina Lola de Lusarreta y publicada por la editorial Clydoc en 1944, lo consagraría como experto andalucista: Andalucía: lo andaluz, lo flamenco y lo gitano.

Fernández de Castillejo, cuyo fuerte vínculo con su Córdoba natal no se vio nunca mermado por el tiempo y la distancia, y que además estuvo íntimamente ligado a Sevilla por matrimonio y por residencia -provincias ambas a las que representó en el Congreso de los Diputados- y a Granada, en cuya universidad comenzó y obtuvo años más tarde -tras su paso por Madrid y Sevilla- su licenciatura en derecho, nos brinda aquí algo más que un bello canto a su tierra, un análisis agudo del alma andaluza en su acepción más honda.

Ilustración original de Lola de Lusarreta del libro Andalucía

Acaso nadie podía desentrañar mejor la esencia secreta y la idiosincrasia de Andalucía que Castillejo, de quien se afirmaba en la presentación de una de sus conferencias en el Hogar Andaluz de Buenos Aires que “Nacido en Córdoba y vinculado a tradicionales familias cordobesas y sevillanas, es, por su sangre y por su espíritu un andaluz de pura estirpe” [8] , y del que también se dijo que “(…) Luego, en el mismo año, da al público otro libro maravilloso y de resonante éxito: Andalucía. Lo andaluz, lo flamenco, lo gitano, que es sin duda uno de los estudios más hondos, completos y emocionados de la deslumbrante historia, paisaje y folklore de su bella tierra natal. (…)” [9]

En definitiva, Fernández de Castillejo nos propone en Andalucía un viaje mágico cuyo embrujo no resta ni un ápice de hondura al pensamiento recio y singular de su autor. Estamos pues ante el misterio profundo de Andalucía -lo andaluz, lo flamenco y lo gitano- revelado por y desde el alma de un andaluz en el exilio.

El propio autor expone en el primer capítulo de su libro, que lleva por título “Madre Andalucía”, las razones que lo guiaron al concebirlo:

Sobre Andalucía se han volcado las fantasías de miles de escritores y viajeros pertenecientes a todas las razas de la tierra. (…) Fenómeno del que no se liberaron tampoco la mayoría de los escritores españoles que han pintado, no la Andalucía de alma honda y de rasgos firmes que es, sino la que ellos se imaginaron o la que aceptaron como más popular, bella y efectista. La Andalucía de la policromada pandereta es, pues, tanto creación española como extranjera.

Y no es que nos indignen esas artificiales pinturas literarias de Andalucía. Sería injusto, puesto que las dictan no sólo buena fe sino la más exaltada simpatía; pero las rechazamos en su mayor parte, simplemente porque no reflejan la realidad.

Buscando esa verdad de Andalucía, tratando de descifrar el enigma de su alma que ríe siempre y llora cuando canta, en los recuerdos vívidos que tenemos de ella, y en la meditación serena sobre su folklore y su historia, estudio para el que nos da quizá mejores perspectivas nuestra actual lejanía de la tierra que nos vió nacer, hemos forjado nuestra interpretación de Andalucía que, en parte, hoy surge formando las páginas de este libro.

(…) Y por ello, rozando ya el tema de esta obra y a guisa de introducción, empecemos por formularnos y contestarnos estas preguntas:

¿Por qué escribimos aquí sobre Andalucía?

¿Sólo porque siendo nuestra tierra, el evocarla nos resulta grato?

(…) ¿Porque en la indudable policromía de su alma multiforme, es fácil encontrar entre lo fundamental y lo accesorio, motivos de agradable pasatiempo, con la simple exposición de imágenes coloreadas por la literatura o la emoción?

(…) Son, amables lectores, causales más hondas y más altas las que me hacen hablaros de Andalucía. Vais a saberlas:

Cuando el tiránico y devorador “progreso” (fijaos bien que no digo civilización ni cultura) va igualando y confundiendo en lo materialista y antiestético a todas las regiones de la tierra, y fundiendo en un prosaico crisol los matices multiformes de la personalidad humana; cuando se vive como en la hora actual un terrible momento de confusión de ideas, ideales, y destinos; cuando estamos, en fin, azotados por un vendaval de odio y de fuego que, arrasando lo que es vida material, confunde y subvierte también todos los valores espirituales, es más necesario que nunca afirmarnos sobre nuestro propio suelo y nuestro auténtico ser, buscar nuestras raíces, saber lo que somos, y cultivar y defender el acervo de nuestra tradición. (…)

(…) lo cierto es que Andalucía, con sus virtudes y con sus defectos, es la región de España que más la representa y la tipifica. Es hasta la que, por la antigua Hispalis, (la Sevilla de hoy), le da nombre a la Madre Patria; es España y, sobre todo, quiere ser siempre España. Digamos con orgullo que Andalucía, en las horas felices como en las trágicas, siempre se siente solidaria de la España una y eterna; jamás sintió desfallecer su concepto grandioso de unidad hispánica. (…) [10]

El historiador y sociólogo argentino Enrique de Gandía, profundo y apasionado conocedor de Andalucía, donde incluso residió durante algún tiempo en su juventud, no dudó en afirmar en su prólogo a la obra de Castillejo que “es la primera, de este género que se publica en nuestro país. La emigración de intelectuales españoles nos ha dado, entre tantos otros, este hermoso fruto. Sus lectores volverán a enamorarse de Andalucía. Para amar a Andalucía -como para amar a cualquier persona- hay, ante todo, que comprenderla. Donde no existe comprensión puede existir curiosidad y hasta asombro, pero no amor. Este libro enseña a comprender y amar Andalucía. Madre Andalucía es para nosotros, los americanos (…) la fuente material y espiritual de nuestros orígenes. (...) Libro erudito y de artista, de poeta y de psicólogo; pero por encima de todo –y en esto va nuestro máximo elogio- libro de buen español.” [11]

Asimismo, otra obra de Castillejo con marcado sabor andaluz vería la luz en Buenos Aires al año siguiente: Rodrigo de Triana (Historia novelada del primer descubridor de América), en la que su autor logró, según la crítica, “un equilibrio admirable de erudición y vulgarización, que instruye dentro de la amenidad, que apasiona como una novela sin salir del estricto marco de la investigación histórica más rigurosa y completa (…) Su maravilloso prólogo, es ya una lección insuperable de crítica histórica (…) “RODRIGO DE TRIANA” es una obra capital en la historiografía americana. Libro de fondo, de valor permanente. (…)” [12]

Pero su divulgación de Andalucía no se limitó al medio escrito: en el tercer ciclo de conferencias organizadas y emitidas en 1941 por La Voz de España, programa radiofónico dirigido por Antonio Manzanera y emitido todas las noches por LR 10 Radio Cultura, también dedicó Castillejo, uno de sus más asiduos colaboradores, [13] como parte del curso sobre la “España monumental” que él mismo impartía, sus audiciones sobre “Andalucía y Extremadura” a los temas “De Mérida augusta, por Guadalupe, a Sevilla” y “Córdoba y Granada. De la Mezquita a la Alhambra”, los días 15 y 22 de junio respectivamente. [14]

EL DIARIO ESPAÑOL, jueves 16 de Enero de 1941.

Por último, en “Algunos aspectos del alma de Andalucía”, título de la aclamada conferencia que pronunció en el Hogar Andaluz de Buenos Aires el 3 de octubre de 1942, Fernández de Castillejo esbozó sus ideas sobre el “sentido de lo heroico y de lo bello”, a los que calificó como los rasgos más esenciales de Andalucía, y expuso su original y celebrada tesis sobre dos caracteres contrarios en el espíritu regional: la sensualidad y el misticismo. [15]

Así, con estos antecedentes, no es de extrañar que, casi dos décadas más tarde, el célebre tándem franco americano Dominique Lapierre y Larry Collins se sustentara en los enciclopédicos conocimientos de Fernández de Castillejo para elaborar su famosa crónica de la historia de España: …O llevarás luto por mí. [16]

Perteneciente también al círculo íntimo de Fernández de Castillejo, otro eminente exiliado andaluz, el poeta y dramaturgo granadino Manuel de Góngora, encontraría a menudo refugio en su paraíso perdido, el que evocó en su conferencia del 17 de julio de 1945 en el Teatro Empire de Buenos Aires con el título “El itinerario lírico y recordatorio sentimental de la Semana Santa de Sevilla” [17] .

Y quien fue considerado el embajador de las letras españolas y más grande poeta vivo de nuestra lengua, Juan Ramón Jiménez, se reencontró con su esencia andaluza durante la visita triunfal que realizó por ambas orillas del Plata durante el invierno austral de 1948. Porque fue precisamente en ese viaje cuando el poeta de Moguer acuñó el término de “conterrado” en su Epílogo de 1948, una de las más bellas prosas jamás escritas sobre el exilio español en la Argentina:

(…) El milagro de mi español lo obró la República Argentina: el Río Juramento, barco que me llevó, Buenos Aires, La Plata, Rosario, Santa Fe, Paraná, Córdoba, Buenos Aires. Cuando llegamos al puerto de Buenos Aires y oí gritar mi nombre, ¡Juan Ramón, Juan Ramón!, a un grupo de muchachas y muchachos, me sentí español, español renacido, revivido, salido de la tierra del desterrado, desterrado, con mi piedra de mi Fuentepiña en el bolsillo del pecho.

-¡El grito, la lengua española; el grito en lengua española, el grito! Y tan andaluz, lo más español para mí de España, ocho siglos de cultivo oriental. Andalucía.

Comprendí. Todo aquello era por mi lengua, por la lengua en la que había escrito lo que ellos habían leído. Nunca soñé cosa semejante. En mi España, de piel de toro, isla mayor con alto río sólido, nieve de Pirineos. España, “que faz los homes y les desfaz”, no hubiera sido posible esperar aquella realidad que otro país de lengua española me aseguraba. Sí, mucho afecto en Puerto Rico, en Santo Domingo y en Cuba: ¡pero aquel besar, aquel llorar, aquella vida en la Argentina, no!

(…) Oír a un argentino fuera de Buenos Aires siempre me había sonado un poco raro, pero oír a Buenos Aires me enamoró: un hablar rápido con todas las letras pronunciadas y en su sitio, con un acento fino y agradable, lleno de ondeajes de sorpresa. Hasta la y griega enellada, aquel “Mayea”, aquel cabayo o cabacho, me parecían tan naturales. Sin duda, aquello estaba en el sol. Aquella misma noche yo hablaba español por todo mi cuerpo con mi alma, el mismo español de mi madre, muchas de cuyas palabras, que ya no decían en España del año ’36, eran allí corrientes y vivían del todo. ¡Español que yo querría fijar para siempre con todas sus combinaciones imajinadas en andaluz, en mi escritura!

No soy ahora un deslenguado ni un desterrado, sino un conterrado, y por ese volver a lenguarse, he encontrado a Dios en la conciencia de lo bello, lo que hubiera sido imposible no oyendo hablar en mi español. En la casa de Dios estoy ahora hablando y España está, en Dios, conmigo. Ahora soy feliz, madre mía, España, madre España, hablando y escribiendo como cuando estaba en tu regazo y en tu pecho. [18]

Tampoco el abogado, escritor y político sevillano, Manuel Blasco Garzón [19] , escapó a esta exaltación andaluza en sus obras Gloria y pasión de Antonio Machado y Evocaciones Andaluzas. Una interpretación apasionada, cuyas sentidas palabras hemos de recordar aquí:

“(…) Tienen mis páginas un defecto. Yo lo reconozco. Escritas ligeramente, carecen con toda seguridad de aquel valor erudito que les da cierta fuerza de autenticidad histórica. Muchos datos están extraídos del caudal innumerable de los recuerdos. La lejanía de los libros propios, no me ha permitido contrastarlos de una manera eficaz. Tengo de ellos la certeza, pero es la certeza individual, subjetiva, de tipo personal. Tienen sin embargo estas páginas, un valor, en medio de sus defectos. Este valor radica, en su pura y sentida emoción, emoción española, emoción andaluza, auténtica emoción por la patria lejana y en desgracia.” [20]

Alberti, Alcalá-Zamora, Fernández de Castillejo, Manuel de Góngora, Juan Ramón Jiménez o Blasco Garzón son algunos de los peregrinos heridos -como los llamara el maestro Aranguren- que dejaron su impronta andaluza en el exilio argentino, al recorrer con sencilla pero feraz dignidad el pedregoso camino.

En todos ellos se da una condición que, según lo sugerido líricamente por el político sevillano Diego Martínez Barrio [21] -quien lo pudo comprobar también de primera mano- podríamos calificar de “doble exiliado” si, como éste, admitimos que "vivir desterrados de Andalucía es doble destierro. Quizá no conozcan ese aumentado dolor los españoles de otras regiones, porque difícilmente se es, como somos nosotros tan españoles y tan de la tierra natal. Los andaluces hemos igualado los sentimientos y monta tanto la patria grande como la patria chica." [22]

Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo.

[1María Teresa Pochat, “María Teresa León, memoria del recuerdo en el exilio”, en Cuadernos Hispanoamericanos, El exilio español en Hispanoamérica, noviembre-diciembre 1989, pág. 135.

[2Obra publicada originariamente por la editorial Losada en Buenos Aires en 1970.

[3María Teresa León, Memoria de la melancolía, edición de Gregorio Torres Nebrera, Madrid, Castalia, 1999, págs. 97 – 98.

[4Rafael Alberti, De Pleamar (1944), Un hilo azul de la virgen, Rafael Alberti, Edición de María Asunción Mateo, Con la luz primera, Antología de verso y prosa (obra de 1920 a 1966), Biblioteca EDAF, Madrid, 2003, págs. 281 y 282.

[5Enrique Alcalá Ortiz, La Ginesa, un patrimonio más que privado, www.enriquealcalaortiz.com

[6Eva Díaz Pérez, La travesía de la tercera España, El Mundo, 9 de abril de 2007.

[7Enterrado en Buenos Aires, en el cementerio de la Chacarita, el 19 de febrero de 1949, sus restos fueron repatriados a España en 1979 y enterrados en el Cementerio de la Almudena de Madrid.

[8Facsímil Conferencia “MALINTZIN O EL AMOR EN LA CONQUISTA”, Hogar Andaluz, Buenos Aires, 1943, Impreso por gentileza de la Imprenta Sres. Hijos de Ybarra.

[9Fernández de Castillejo, Federico, Rodrigo de Triana (Historia novelada del primer descubridor de América), Editorial Clydoc, Buenos Aires, 1945, págs. 8 y 9.

[10Federico Fernández de Castillejo, Andalucía: lo andaluz, lo flamenco y lo gitano, Editorial Clydoc, Buenos Aires, 1944, págs. 29- 35.

[11Enrique de Gandía, Andalucía: lo andaluz, lo flamenco y lo gitano de Federico Fernández de Castillejo, Editorial Clydoc, Buenos Aires, 1944, págs. 18 y 26.

[12Fernández de Castillejo, Federico, Rodrigo de Triana (Historia novelada del primer descubridor de América), Editorial Clydoc, Buenos Aires, 1945, págs. 7 -11.

[13Liceo de España, Tercer Ciclo de Conferencias, organizado por La Voz de España, Buenos Aires, 1941.“Federico Fernández de Castillejo: Es un valor respaldado en títulos de la más alta jerarquía: abogado, profesor e ingeniero geógrafo. Fue en España diputado, director general de Agricultura y subsecretario del Ministerio de Obras Públicas. Erudito escritor e investigador doctísimo, es uno de nuestros primeros americanistas.”

[14Fuente: Liceo de España, Tercer Ciclo de Conferencias, organizado por La Voz de España, Buenos Aires, 1941.

[15“El Dr. Federico Fernández de Castillejo pronunció una magnífica conferencia en el Hogar Andaluz”, El Diario Español, Buenos Aires, 4 de octubre de 1942.

[16Traducido a 37 idiomas, con 15 millones vendidos en todo el mundo y aclamado por las críticas más apasionadas,…O llevarás luto por mí, es un retrato de la España de los años sesenta a través de la biografía del legendario torero Manuel Benítez El Cordobés, y fue el resultado de dos años de minuciosas investigaciones y centenares de entrevistas. Se trataba del segundo libro que nacía de la colaboración literaria entre Dominique Lapierre y Larry Collins tras su best seller conjunto ¿Arde París?... La obra, cuyo título original era… Ou tu porteras mon deuil, fue publicada en 1967 por la editorial parisina Robert Laffont, siendo su versión española publicada por Plaza & Janés en 1968, y reeditada en 2010.

[17La Prensa, 10 de abril de 1945, Los Anales de Buenos Aires.

[18Juan Ramón Jiménez, Epílogo de 1948, recogido en El milagro del español, web: http://hispanoamericaunida.com

[19Fue diputado por su provincia en las elecciones de 1923 y, ya con la República, en 1933 y 1936. Destacó por su brillante oratoria y su versatilidad ocupando cargos tan variopintos como la presidencia del Sevilla F.C. de 1923 a 1925, la del Ateneo de Sevilla de 1927 a 1929, ministro de Comunicaciones y Marina Mercante, así como ministro de Justicia en 1936. Al finalizar la contienda se exilió en Buenos Aires, donde ocupó el cargo de cónsul general de España del gobierno republicano en el exilio y donde fallecería en 1954.

[20Manuel Blasco Garzón, Evocaciones Andaluzas. Una interpretación apasionada, Librería Perlado, Buenos Aires, 1941, págs. 409 – 411.

[21Perteneciente al círculo íntimo de Blasco Garzón, de quien había sido compañero de pupitre en una humilde escuela sevillana, pero también de Fernández de Castillejo, con quien mantuvo una intensa correspondencia, Martínez Barrio, que había sido presidente de las Cortes y del Consejo de Ministros, así como presidente interino de la Segunda República Española y presidente de la República en el exilio, falleció en Saint Germain en Laye, París, en 1962.

[22Carta de 2 de septiembre de 1959 de Diego Martínez Barrio a Eloy Vaquero, carpeta 45, legajo 11, Archivo DMB, Archivo Histórico Nacional. Es en respuesta a un envío que el poeta cordobés le había hecho de su poemario "Senda Sonora" al que Martínez Barrio contesta con gran emoción.


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